Bajo la geometría, la emoción
Bajo el rigor, está la intuición. Bajo el laconismo de las formas, la sensualidad de las materias. Bajo la sencillez, la elaboración sabia y la riqueza de los posibles. En el trabajo de Carles Valverde se trata menos de geometría que de emoción, de construcción mental que de piel, de depuración que de concentración. Sin embargo, las esculturas de acero y las obras de papel del Catalán de La Tour-de-Peilz se atienen perfectamente a un vocabulario donde el ángulo recto, las aristas vivas y la austeridad dictan su ley. No por motivos de ascesis moral o de diseño constructivo, sino para que la sobriedad de las formas permita que la atención se centre enteramente en las cualidades de recepción de la luz, de sensibilidad del tacto, de tensión de los campos de fuerza y de intensidad contemplativa. Sin olvidar la dimensión lúdica y maliciosa de las pequeñas esculturas modulables que invitan a los juegos de las combinatorias.
¿Es correcto hablar de grabado? Las placas de Valverde no tienen talla o hueco alguno. Se contentan con modular, por medio de gofrados y colages, las diferentes «epidermis» de sus hojas de plomo y papel de seda, de lija o de maculatura que absorben la luz cada uno a su manera e invitan a la caricia meditativa de la mirada.
Françoise Jaunin

